Somos supersociales y “cotillas” por naturaleza

Posted by Maria Jose Lopez on Viernes may 6, 2011 Under Charlas, Vídeos

Eduard Punset entrevista para el programa Redes a Robin Dunbar, profesor de antropología evolutiva de la Universidad de Oxford, más conocido por haber formulado el número de Dunbar. Según él, el cerebro humano está diseñado para poder relacionarse con unas 150 personas, cifra está relacionada con el tamaño del neocórtex cerebral y su capacidad de procesar información y que se repite a lo largo de la historia y en todas las culturas.

Ahora disponemos de redes sociales como Facebook y podemos tener miles de “amigos”, pero no significa que sean realmente amigos, ni que siquiera recordemos sus nombres o sepamos gran cosa de ellos.

A través de la entrevista descubrimos algunas cosas de lo más llamativas:

El cerebro evolucionó para permitirnos organizar las relaciones con los demás. Los seres humanos tenemos el cerebro más grande y también los grupos más grandes, aproximadamente unos 150 amigos y allegados con los que realmente podemos entrar en contacto y saber algo de ellos.

Las especies que establecen vínculos de pareja, en lugar de cambiar continuamente, tienen muchas dificultades para gestionar la relación, por lo que requieren un cerebro mayor para ello.

La importancia del tacto y la risa. El tacto es muy importante e implica muchas cosas relacionadas con la confianza, pero es cosa de dos. En un grupo, el equivalente al tacto es la risa, que ayuda a establecer vínculos con los que no conocemos mucho y nos hace sentir bien. La risa colectiva une a la gente.

La impulsividad masculina frente a las habilidades sociales femeninas. La impulsividad masculina está relacionada con un mayo crecimiento del sistema límbico de los hombres, que los hace propensos al despliegue de su conducta más física.

Sin embargo, las mujeres han desarrollado más el neocórtex, la zona del cerebro donde se generan habilidades sociales que permiten solucionar de forma pacífica los conflictos relacionados con el ímpetu masculino.

El cotilleo nos une y cohesiona como grupo y nos permite socializar. Somos cotillas por naturaleza, pues 65% del tiempo que dedicamos a hablar lo ocupamos en chismorrear sobre la gente que conocemos.

Curiosamente, los hombres lo usan mucho más para exhibir sus conocimientos, mientras que las mujeres tienden a hablar sobre la naturaleza de las relaciones. Saben construir mejor que los hombres la base de la vida social y esto es así en todos los primates, el núcleo de la vida social lo forman las mujeres.

Somos animales jerárquicos por natualeza y nos interesa saber qué hacen los que están por encima de nosotros en el estatus social. Por eso sentimos tanta curiosidad por los ricos y poderosos y nos sentimos atraídos por sus miserias, porque los consideramos rivales potenciales y creemos que sus problemas nos podrían beneficiar.

Por otra parte, también nos interesa compartir las alegrías de nuestros amigos y familiares, porque quizás su suerte se nos pueda contagiar.

Aunque cueste creerlo, según Robin Dunbar:

“Las grandes ciudades surgieron en el último siglo, pero nuestra vida social es la misma que hace cien mil años.”


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